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Psicoterapia para adultos

La adultez es una etapa en la que nos vemos sorprendidos por multitud de desafíos vitales. 

Nos enfrentamos a situaciones difíciles, cambios, imprevistos para los que nadie nos preparó, pérdidas de seres queridos, expectativas frustradas, desamores, accidentes, enfermedades, convivencias complicadas, conflictos con otras personas, toma de decisiones, trabajos en los que no nos sentimos valorados, humillaciones y críticas que merman nuestra autoestima, etc. 

Es normal que no estemos preparados para todo. Por eso, pueden surgir dificultades que nos causen un gran malestar. 

Además, en muchas ocasiones nos cuesta entendernos, tenemos una imagen negativa de nosotros/as mismos/as y no confiamos en nuestras capacidades. Esto dificulta aún más que podamos afrontar las dificultades que nos van surgiendo. 

Cuando algo malo ocurre a nuestro alrededor hacemos todo lo posible por superarlo. 

Pero hay veces que nos resulta complicado. El malestar se vuelve cada vez más intenso, se prolonga en el tiempo y acaba afectándonos a nivel personal, social y laboral. 

Puede llegar un momento en que no entendamos por qué nos sentimos mal. Por eso, es importante echar un vistazo para atrás en nuestra historia de vida para comprender el origen del malestar que sentimos a día de hoy: somos el resultado de las experiencias y aprendizajes que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida.

Entender nuestro malestar es necesario para poder realizar cambios que mejoren nuestro bienestar psicológico. 

Asumir que estamos sufriendo y que necesitamos ayuda porque no sabemos cómo poner fin a la situación es realmente difícil, nos hace sentir vulnerables. Sin embargo, es muy importante actuar antes de que el problema siga agravándose. 

Pedir ayuda es un acto de valentía del que saldrás reforzado/a. 

Algunas de estas señales son: 
  • Me siento deprimido/a, desmotivado/a, con poca energía y ganas de hacer cosas o socializar. 
  • Tengo emociones intensas que soy incapaz de gestionar (irritabilidad, culpa, inseguridad, miedo, vergüenza, ansiedad, nerviosismo…) y cambios repentinos de humor. 
  • Tengo preocupaciones continuas, pensamientos confusos y no soy capaz de tomar decisiones. 
  • Tengo baja autoestima y pensamientos negativos sobre mí mismo/a. 
  • Aparecen síntomas físicos como: tensión y dolores musculares, bruxismo, dolor de cabeza, problemas digestivos, dolor/presión de pecho, dificultad para respirar u otras dolencias que mi médico me dice que podrían ser de origen psicológico. 
  • Tengo problemas de sueño. 
  • La forma en que me alimento ha cambiado: tengo menos apetito, evito ciertas comidas, me doy atracones, tengo la necesidad de comer en exceso o siento ganas de vomitar.  
  • Siento la necesidad de consumir drogas o realizar actividades de forma compulsiva para sentirme más relajado/a. 
¿Cómo trabajaremos?

En terapia tendrás un espacio íntimo en el que puedas expresarte con libertad y sin sentirte juzgado/a. 

Trabajaremos juntos para comprender qué te está ocurriendo. Le pondremos nombre y descubriremos qué es lo que lo está causando. Una vez detectado el origen, te aportaré herramientas para que puedas gestionar tus emociones y afrontar las dificultades que estás teniendo. 

Lograrás entenderte, gestionar tu malestar, aceptarte y confiar más en ti mismo/a. 

Seré tu acompañante en este proceso.

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